viernes 30 de enero de 2009

Desnudos

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Me encantan las recepciones. Una excusa perfecta para pasar el rato de forma amena, ver a los conocidos, entablar conversaciones que pasan de lo más trivial a lo más trascental, enterarse de los cotilleos, picar de aquí y allá... Me dedico a bucear entre los corrillos que se van formando, y gracias a que es una recepción si me aburre la conversación en la que me encuentro la puedo abandonar disculpándome con que coger otra copa o saludar a aquel viejo amigo que hacía tiempo que no sabía de su vida. O para coger canapés, uno de los pilares de una buena recepción, ya que aquí se decide cuál ha sido el grado de éxito. No me importa romper el protocolo y asaltar todos los platos como un mendigo famélico: lo primero es lo primero, y el hambre apremia.


La última recepción a la que asistí fue la inauguración de una exposición dedicada a mi amigo Álvaro Franqueira. Pinturas abstractas, fotografía experimental, escultura contemporánea, según él. Una amalgama de pajas mentales, me parecía más apropiado definir. El caso es que había buenos canapés y esta reunión suponía una excelente oportunidad para poner en práctica mi teoría sobre estos encuentros sociales. De este modo, fui saludando con copa en mano a todas las personas que ya se habían cruzado conmigo en mi vida, recordando tiempos pasados, comentando la pésima actualidad y el aterrador futuro.


De repente me entraron ganas de fumar un cigarrillo, por lo que tenía que buscar allí una zona donde no me molestasen. ¿Ya he hablado de la galería de arte? Bueno, el sitio parecía una fastuosa mansión emplazada en medio de la ciudad. Tal vez lo fuera en otros tiempos, no lo sé exactamente. El balcón me maravillaba, era bastante grande y tenía unas vistas a la ciudad asombrosas. Era el lugar idóneo para poder desconectar un rato. Lo que pasa es que estaba ya ocupado, y no quería cortarle el rollo a nadie ni que cortasen el mío. Antes de marcharme, me fijé en quien estaba...y no podía salir de mi asombro. La novia de Álvaro...y un desconocido, en una situación comprometedora.


Me senté en una silla pasmado, alucinado. Lo que acababa de presenciar era impresionante, hacía tiempo que no veía algo así y, lo que era peor, mucho más tiempo que no lo vivía. Con esta facha, no pasó mucho rato hasta que alguien fuera a preguntarme por mi estado. Julio, antiguo compañero, cogió asiento.


- ¿Qué? ¿Por fin te has indigestado después de comer como un cerdo en todas las reuniones?


- La novia de Álvaro está en el balcón con otro hombre


- ¿Eh? Debe ser Pablo Dominguez, el contacto de Álvaro que logro montar esta exposición. También es artista, le vi un rato hablando con ella, seguro que seguirán juntos.


- Estaban desnudándose.


Sin pasar por el clásico escepticismo sarcástico, se dibujo en la cara de Julio una expresión de sobrecogimiento.


- ¿Estás seguro? En serio, ¿estás absolutamente seguro?


- Seguro. Estaban desnudándose.


- ¿Cómo de desnudos? ¿Qué se desnudaban: los pantalones, la camisa, el sujetador...?


- Algo peor...


- ¿El qué?


- El alma.



Y no me faltaba razón: era lo peor de desnudarse. Ese tal Pablo no le vio ni los pechos, ni las piernas, ni nada, sino que algo que iba mucho más allá: su interior. Ella, cansada de una relación ya agotada, estaba mostrándole sus vivencias más personales, sus pensamientos más profundos, su visión de la vida, sus sueños, las pequeñas cosas que le gustaban y las que le horripilaban. En sus ojos se veía como estaban conectando ambos. Química, le llaman. Y a medida que la novia de Álvaro compartía estos asuntos tan personales, más se distanciaba de él. Su relación estaba sentenciada. Pero por aquel, Julio tan sólo se cabreó conmigo por asustarlo, Álvaro se recreaba en los piropos que le soltaban, Pablo se enamoraba poco a poco de esa mujer y yo seguía con el cigarrillo en la boca, sin encender.

4 comentarios:

Alba dijo...

Tienes razón, se necesita más confianza para desnudar el alma que para enseñar una teta (o el pito, ya que estamos)

Lo siento, mi vocabulario no es tan fino como el suyo

Muá

Srta. Amapola dijo...

Bueno si, el alma está muy bien pero dos tetas son dos tetas.

Polythene Pam dijo...

Dennúos

Anónimo dijo...

Que bÀrbaro!! que forma mas sutil para plasmar en un escrito, tu forma de sentir y pensar, tu formar de percepciòn de las cosas, ese sèptimo sentido que la mayorìa de hombres no tiene.
Esa percepciòn que se vuelve encantadora y enamora a una mujer.
Que forma màs bella de escribir. Me ha encantado leerte. Eres intenso...
Una mujer salvadoreña (...de senos grandes)