
Como cualquier otro fin de semana, se encontraba viendo una película para matar el tiempo antes de acudir a cama. En sus manos caían títulos de todo tipo: cine clásico, comercial e incluso independiente, cualquier género era bueno para ocupar el vacío de una vida bastante despreocupada. Él mismo descargaba películas por la Red, consultando varias fuentes: recomendaciones de los amigos, reportajes de revistas o foros especializados.
Sin embargo, este sábado ocurrió algo extraño. El film era la ópera prima de un director desconocido para el gran público. Su nombre le llego de rebote y dada la corta duración de su obra, decidió descargarla. El argumento era sencillo pero contundente, con gancho desde el primer fotograma. Todo iba bien, la trama era interesante y se iba complicando. De repente, contempló un monólogo estremecedor del atormentado protagonista, experimentando así una sensación inédita en su vida hasta ese instante.
Empezó a reflexionar.
No era algo parecido a cuando tuvo que decidir en qué materia emplear su tiempo, qué trabajo tuvo que buscar, qué ciudad habitar o con qué persona compartir su vida. Era algo más allá de cuestiones relacionadas con la supervivencia. Durante unos segundos en su cabeza se entremezclaron pensamientos universales que jamás en su corta historia se habían topado en su mente. Moralidad, Existencialismo, Más Allá, Destino, Muerte...Vida.
Sintió miedo de desarrollar pensamientos propios. Ni aquello que se le había presentado como Amor en otras películas, libros o canciones del momento y lo había puesto en práctica con las mujeres en su vida había despertado tal sensación. Antes de que pudiera ser consciente de su significancia o protagonismo en el Universo, corrió hasta el salón dejando continuar la película para refugiarse en cualquier otro medio que le proporcionase tranquilidad. Ni la tertulia amarillenta de la televisión o la revista sobre los últimos chismorreos de los famosillos pudieron cambiar la situación. Eso que se había introducido en su ser, transmitido por aquellas desgarradoras palabras, seguía latiendo en su cerebro.
Se tiró en el suelo con lágrimas en los ojos. Tenía miedo. Miedo de convertirse en un desdichado, un maldito que fuera capaz de desarrollar una mente llena de pensamientos oscuros, de ideas salidas de otras mentes igual de retorcidas, que fuera despojado del hedonismo que tan bien había llevado a base de comedias ligeras y combos gigantes de palomitas. Se abría un abismo oscuro que probablemente cambiase su forma de ser hasta el punto de convertirse en un extraño para el mundo, para su familia, para él mismo. A partir de ahora le surgirían inquietudes, y eso le llevaría a la lectura, a la escritura, a la filosofía. Todo esto le atemorizaba todavía más. Había reflexionado...y no sería la última vez.

1 comentarios:
estaba viendo Revolutionary Road? :O
vuelve más a menudo, anda
sí que te leo
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