sábado 31 de enero de 2009

El Comeleonas

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- ¡ 位住, 施氏食獅史!



Llevaba poco tiempo viviendo en Pekín y me costaba un poco entender lo que estaba diciendo la gente a mi alrededor. Sin embargo, esa frase se repetía tanto por mi barrio y mi oficina que a base de escucharla una y otra vez la identificaba sin ningún problema:

- ¡Mira, el Comeleonas!

Había hecho bien en mudarme a esta ciudad, a pesar de que nadie de mi entorno me comprendía. Abandonar Vigo con malas excusas y sin explicaciones concretas para ir a parar a China no tenía mucho sentido a primera vista. ¿Acaso nadie comprende que un cambio de aires es necesario para oxigenarse un poco? No, nadie lo entendía. Estaba tan hasta los cojones de la curiosidad de la gente que estuve a un pelo de gritar en el aeropuerto delante de mi familia y amigos: "¡Me voy...porque tengo un micropene!".

No es fácil vivir con este problema, lo aseguro. Sobre todo, cuando te gusta el sexo. 'El tamaño no importa' mis cojones. Siete centímetros de pene en erección, imagínate la longitud de mi insatisfacción. Sólo tuve una única novia, y evidentemente fueron todo fiascos en la cama. Lo único que ella sentía cuando yo se la metía era lástima. No soy mal músico, pero no tengo una buena flauta para sacar una buena melodía. Incluso yo a veces en mi mano, al cascármela, no notaba nada. No sabéis lo que jode formar parte de ese 0,6%, casi es más fácil que te toque la lotería.

Por eso, en lugar de apartar el sexo definitivamente de mi vida, decidí buscar soluciones. La cirugía me echaba mucho para atrás, ya que en ese campo la garantía de éxito estaba más bien reducida, más que mi pene. Y vivir con ese problema en mi entorno resultaba imposible: mi ex es una de las mujeres más maravillosas y comprensibles que he conocido, pero aun así prefería no convertirla en una infeliz de por vida. Mirando por Internet se me ocurrió una idea: Asia. ¡Los asiáticos! Los pichacorta por excelencia de la raza humana. Siendo un poco guapete, seguramente tendría más éxito que el resto de chinorris. Y con mujeres conscientes de que el mercado no anda sobrado de centímetros, tendría la oportunidad de comenzar una vida feliz. O sea que ¡Sayonara, Vigo! (sé que eso es japonés, pero no tenía ni idea de chino, con un inglés básico podría sobrevivir bien los primeros días).

No me costó mucho encontrar empleo en Pekín y acabé ocupando uno de esos claustrofóbicos cubículos reinantes en cualquiera oficina asiática. Combinaba el aprendizaje del idioma con mi trabajo. Parecía que el destino me sonreía, ya que le hice tilín desde el primer momento a la panadera del barrio, llamada por el rumor popular la Leona, debido a su desaforado apetito sexual. Sólo era cuestión de tiempo caer en sus garras y comprobar si mi arriesgada apuesta había sido acertada o no.

La semana pasada ocurrió. Además fue en la panadería, como si estuviese metido de lleno en la erótica escena de "El cartero siempre llama dos veces". Entre harina, amasadoras y hornos, se la metí a la Leona, mientras ella gemía sin parar:

"Shíshì shīshì Shī Shì, shì shī, shì shí shí shī. Shì shíshí shì shì shì shī. Shí shí, shì shí shī shì shì.
Shì shí, shì Shī Shì shì shì. Shì shì shì shí shī, shì shǐ shì, shǐ shì shí shī shìshì. Shì shí shì shí shī shī, shì shíshì...
"

Este asentimiento me ponía muy cachondo. Por primera vez una mujer estaba disfrutando conmigo y hablaba sin parar mientras notaba mi polla. Excusa decir que fue el mejor polvo de mi vida, y teniendo en cuenta las palabras de la Leona, creo que había sido el primero en domarla. Además, se corrió la voz de mi proeza, y todo el mundo murmuraba a mi alrededor "施氏食獅史" con risitas nerviosas, mientras yo sonreía orgulloso del nuevo rumbo que había tomado mi vida.





Ahora que estoy en el avión de vuelta a Vigo, me apetece contaros cómo me enteré de lo que estaba pasando, ya que sois los únicos que conocéis la historia completa. Resulta que un par de semanas después iba aprendiendo mejor el idioma. Para poder perfeccionarlo, empleé una de las herramientas más útiles: los trabalenguas. Entre ellos, uno llamado "El Poeta Comeleones en la guarida de piedra". Me hizo gracia que tuviera mi nuevo apodo, pero me resultó menos chistoso cuando empecé a pronunciarlo:

"Shíshì shīshì Shī Shì, shì shī, shì shí shí shī. Shì shíshí shì shì shì shī. Shí shí, shì shí shī..."

La Leona no estaba gozando: estaba tan aburrida de mí, que para poder pasar el rato se entretenía con trabalenguas. Me quedé de piedra. Ahora entendía los murmullos, las risitas, la comidilla del barrio... Ya que todo el mundo conocía el suceso, tocaba ahuecar el ala. Y para marchar a un nuevo sitio, prefiero volver a mis Rías Baixas que seguir allí con esos chinorris pichacortas. Hijos de puta. No tengo rabo ninguno.

5 comentarios:

Alpendre dijo...

jajajajaja
que grandísimo relato! Y que gran manera de aprovechar un blog, que me lo he pasado de maravilla, y te agradezco sinceramente estos cinco minutos de entretenimiento de primerisima calidad.
Un saludo!

Alba dijo...

oh dios, en lugar de estudiar derecho haces esto? no tienes remedio XD en qué andarías pensando? miedo me das

estudia, maldito :P

LeX dijo...

EPIC FAIL

(el del pichacorta, claro)

ŁıĐįĄ ßãŌ dijo...

Jajajaja gran relato Pepe!!!!
y me parece genial que en vez de guardarle extrema fidelidad a los asquerosos apuntes de Derecho te tuerzas por aquí!!
un bsoo!

Anónimo dijo...

QUE ARTE TIENES PARAESCRIBIR. MUY BONITA Y ELOCENTE FOMA DE HACERLO.
UNA MUJER SALVADOREÑA (...de senos grandes)