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Todos los seres humanos tenemos necesidades fisiológicas, al igual que cualquier otra especie del Reino Animal. Necesitamos alimentarnos para poder sobrevivir, expulsar nuestros excrementos para no enfermar. Incluso el instinto sexual, bien para reproducirse o para liberarse se encuentra innato dentro de nosotros. La frecuente cotidianidad de estas necesidades es tal que ya es habitual que algunas de estas actividades las realicemos mecánicamente. Sin embargo, su naturaleza no radica ahí, no nace de nosotros propiamente el impulso para llevarlas a cabo.
En nuestro estómago, vejiga, intestino y genitales existen unos límites a la hora de ser rellenados o vaciados, una especie de raya delimitadora imaginaria, supongo. Una vez que no se llegue a ella o se sobrepase, se activa la llamada. Llámalo hambre, ganas de cagar, mear o follar, vaya. Esa llamada necesaria para indicarnos que es el momento de satisfacer nuestras necesidades vitales básicas para nuestra vida y no alcanzar el umbral del dolor. Lamentablemente, no son pocas las personas que se encuentran escuchando constantemente la llamada, y por falta de recursos se ven obligados a soportar esa sensación durante largo tiempo, hasta el punto de ser la razón de su muerte. Cruel, pero real.
No es esta observación donde quiero reparar. Algunas otras actividades, aparentemente no tan necesarias como la de comer, adquieren en nuestro organismo una tendencia a generar llamadas debido a la costumbre, derivada de la cultura y aprendizaje que hemos adquirido. La llamada puede identificarse con lo que algunos artistas ven reflejado en seres que los inspiran: las musas. Ese impulso, ese toque que permite lanzarse a escribir, dibujar, pintar, componer. La activación del motor que impulsa el funcionamiento de esa máquina, para esquivar el umbral del dolor- existencial, más que físico-y sentirse un poquito más llenos dentro de su vacío.
Llevo tiempo escuchando la llamada. Y ahora que decido responder a ella, abrir el blog y ponerme a escribir para contestarla... comunica.
Joder.

2 comentarios:
aaaaapiu
cada vez se te pira más
:*
Que sería de la historia del arte sin la llamada, y del cine, y la poesía. Menos mal que el umbral del dolor lo tenemos mas entrenado las mujeres, puede eso explicar nuestra ausencia en la mayoría de las artes ? Quizá lo explique que somos mas fascinantes y es por ello que los hombres nos llaman a nosotras xD
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