domingo 17 de mayo de 2009

Por un pelo

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Tengo en mis manos el sobre de uno de mis mejores amigos, siempre dispuesto a sorprenderme y a emocionarme. Esta vez se ha superado a sí mismo. Lo abro y lo leo atentamente:

"Querido Mateo, la primera vez que te dije que quería dedicarme a tu profesión, te echaste a reír. No porque creyeses que no valía para ella, sino porque decías que era un oficio abocado al fracaso. Realmente no lo es, pero no te equivocabas cuando querías alejarme del mundo de la creación, resulta muy difícil. Pero te recuerdo, querido Mateo, que mi destino es ser un gran guionista. Sabes que me surgen de vez en cuando ideas que voy mezclando y moldeando hasta tener historias maravillosas. Siempre me preguntas: ¿de dónde sacas esas tremendas ideas, Antonio? Y yo siempre te respondía: de mi cabeza. Con esta carta quiero especificarte más de donde salían estas ideas: concretamente, de mi pelo.

Llámame loco, desgraciado, pero creo que tengo un don. Mi pelo es capaz de quedarse con pensamientos e ideas que se encuentran flotando en el aire y que otros, por descuido o desilusión, dejan que vayan volando de un lugar para otro. Sabes que me encanta ir despeinado y que me alejo de los peluqueros lo más posible. Cuantas más matas de pelo en distintas direcciones tenga, más capacidad de captar ideas tengo. Al llegar a casa, me encierro en mi cuarto de revelado de fotos con un peine y me encargo de sacudir todas las ideas en las que no haya reparado en un primer momento. Ese es mi modus operandi, Mateo. Eso, sigue llamándome loco, pero creo que si no fuera por este método no seríamos tan famosos ni tan brillantes.

Creo que ahora te quedan explicadas tantas excentricidades que no le veías lógica. Mi manía por no llevar sombrero, asfixiando toda mi creatividad. La necesidad de usar un champú específico que no acabe con mi don sobrenatural. La costumbre que tengo de salir a la calle recién levantado con el pelo todo descontrolado. No te enfades conmigo, Mateo. Sé que nunca vas a comprenderme, y mucho menos ahora, pero la creatividad y este oficio lo son todo para mí. Sin mi don, no soy nada. Y ahora que lees estas palabras, aun sin querer creértelas, no pretendo que me entiendas, tan sólo que me perdones.

Tuyo siempre, J.L."

Ese viejo cabrón. Lo peor es que sus cartas son completamente sinceras...y le entiendo, pero me resultará muy difícil perdonarle. Me dirijo hacia su baño y veo en el estante cercano al espejo un peine con un pelo. Y a un policía reflejado que me pregunta a mis espaldas:

- ¿Explica en esa carta la razón de su suicidio?

Y yo no sé responderle sin ninguna frase hecha.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Joder...giro final que ni Dan Brown


eres un IluminatO Maisilla

PD: champú especial como Pantenne?
joas

Alba dijo...

sísí, intenta excusarte por tu maraña despeinada.

Si tu pelo captase ideas, estaríamos todos tontos perdidos

muá